
Hoy me pasó una de las cosas más increíbles que me han pasado en la vida: la historia casi ridícula de cómo dos de mis libros favoritos volvieron a mí.
Hay dos libros que leí siendo más chica y que me dejaron loca. Uno fue Shangai Baby, de Wei Hui, y otro fue El Amor es una droga dura de Cristina Peri Rossi, que me leí en una noche y que por mucho tiempo fue mi libro favorito de la vida (hasta que leí Extremely Loud and Incredibly Close, de Jonathan Safran Foer). Los dos libros los perdí: los presté, los prestaron, nunca más se supo de ellos.
Necesitaba volver a tenerlos así que los busqué mucho, y por mucho tiempo. Incluso cuando estuve en Uruguay, y pensando que Peri Rossi es uruguaya, pregunté en todas las librerías, y en todas me dijeron que no, que El amor es una droga dura ya no se editaba más. Busqué en los libros usados. No estaba. Me rendí.
Pero hoy en el persa Bio Bio encontré Shangai Baby en un puestito, la misma edición que leí cuando chica. Me emocioné y lo compré sin pensarlo. Le dije al Cristóbal que ahora sólo me faltaba El amor es una droga dura para tener todos mis libros favoritos de la vida en mi casa, conmigo.
El Cristóbal siguió por el pasillo, yo me quedé ahí. El vendedor me pidió que le cuidara el puesto un ratito. Le dije que sí y cuando volvió y me agradeció vi que tenía una copia de El amor es una droga dura en la mano. No lo podía creer. Prácticamente se lo arranqué y le pregunté si acaso había escuchado lo que le había dicho a mi novio sobre ese libro. Me dijo que no, que lo tenía en la mano antes de irse. Le expliqué que le acababa de comprar uno de mis libros favoritos de la vida y que ahora justo volvía con otro de mis favoritos en la mano. Le dije, emocionada, que no entendía. Que lo había buscado tanto, y que él ni se imaginaba lo que significaba para mí. Creo que lo asusté un poco.
Lo compré, y se lo mostré al Cristóbal, quien estaba tan maravillado como yo. Porque le acababa de decir que era el libro que me faltaba, porque estaba conmigo cuando lo busqué por todos lados. Porque de todos los libros posibles, el vendedor volvió con ése. De toda la gente en su puestito, él me pidió a mí que se lo cuidara. Y por eso pude verlo en su mano, quitárselo, comprárselo y tenerlo ahora acá, conmigo, de nuevo.